Quaerendo Invenietis

     Misterio, palabra que significa como algo difícil de entender, algo extraño, incomprensible, algo inexplicable. En la búsqueda de lugares donde se suceden los misterios, o los hechos insólitos, suelen destacar aquellos marcados por la muerte, el sufrimiento o la tragedia. Pero la naturaleza es capaz de desarrollar hechos tan misteriosos o inexplicables, tan sorprendentes y desconcertantes, que son capaces de dejar marcado un lugar para siempre. Hoy viajamos a uno de esos lugares, donde la fuerza telúrica provocó un hecho, eso, de lo más misterioso.

     Al norte de la provincia de Burgos, dentro de la comarca de la Bureba, lindando con las Merindades y muy próximo a la histórica villa de Oña se encuentra el pueblo abandonado de Tamayo.
Enclavado en la ladera de una montaña rocosa en lo que se conoce como los Montes de Oña y regado por las aguas del rio Oca, el pueblo llego a contar en 1834 con 199 habitantes, y a pesar de no ser una gran urbe, disponía de una iglesia (San Miguel) siglo XIV, una escuela, estación de ferrocarril (Santander-Mediterráneo) una castillo señorial reconstruido por la familia Salazar (Siglo XIII) y nada menos que tres ermitas Virgen de las Nieves, San Frutos y San Sebastián.
Cuenta la leyenda, que entre los días 19 y 20 de Marzo del año 1848, un hecho insólito tuvo lugar en el pueblo de Tamayo, sumiendo a sus habitantes en el miedo y el desconcierto.
Parece ser que saliendo un arriero en la mañana del día 19 con sus mulas, para dirigirse a Oña, este empezó a notar un fuerte temblor bajo sus pies y pudo ver como la tierra se removía sacudiéndose las piedras unas con otras, lo que le obligo a retroceder de nuevo al pueblo. Al llegar al pueblo, el arriero comprobó que el extraño fenómeno no se sentía dentro de este y al contarlo al resto de los vecinos estos pudieron comprobar que lo que el arriero contaba era cierto.
El temblor se prolongó por espacio de dos días, siendo este tan fuerte, que se dice que las tierras se sacudieron haciendo desaparecer viñedos y arboles, transformando el terreno en peñasco árido y escabroso, los linderos desaparecieron y las tierras de labranza se removieron de tal forma que los labradores fueron incapaces de reconocer la ubicación de sus heredades. Donde antes uno tenía plantado trigo ahora era un patatal y viceversa.
Este hecho pudiera ser tan solo una leyenda, pero lo cierto es que quedo documentado y recogido por Pascual Madoz (1806-1870)  -quien fuera político, periodista, escritor y combatiente en encomiendas como la defensa del castillo de Monzón contra los “Cien mil hijos de San Luis” – en su titánica obra Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico, España y sus posesiones de ultramar Tomo XIV, paginas 585-586.
Este dato es importante ya que este diccionario se completo en el año 1850 es decir, tan solo dos años después de los sucesos en Tamayo, por lo que son hechos recientes en el tiempo que descartan una leyenda transmitida generacionalmente.
Lo más insólito del suceso no es el temblor en sí, ya que estos fenómenos se producen casi a diario en el planeta, si no el hecho de que, a pesar de la virulencia del fenómeno, que se prolongo por espacio de dos días con más o menos intensidad, y levantando una inmensa nube que cubrió el cielo de polvo, nada se noto en el pueblo resultando afectada tan solo una casa ubicada en un extremo de este, que fue derribada, ni en la cercana Villa de Oña que dista de Tamayo solo en 2 kilómetros.

Texto que recoge el suceso de Tamayo en el Diccionario Madoz

     Este no ha sido el único hecho que ha removido las lindes de Tamayo, pues allá por el siglo XV la dama de las Torres de Tamayo, María Alfonso Delgadillo, tuvo serios enfrentamientos con el monasterio de Oña siendo está acusada de construir las torres en término de su dominio, alargándose los litigios con el Real Monasterio hasta nada menos que el siglo XVIII. Pudiera decirse que en esa época las tierras anduvieron revueltas, aunque lo cierto es que los conflictos y los litigios entre Tamayo y Oña sobre los límites terrenales y la utilización de las tierras han sido continuos a lo largo de la historia.

El curioso escudo de Tamayo en el que se representan las torres de Tamayo sobre una montaña de rocas que cualquiera diría, han sido removidas.

     El hecho es que parece que aquel temblor de 1848 hizo mella en la vida de Tamayo, pues en aquel momento comenzó la decadencia del pueblo, llegando a convertirlo en lo que es hoy, un pueblo deshabitado y ruinoso.
El pueblo pasa de tener 161 habitantes en el año 1857 a tener solo 20 en 1950 y a ser abandonado definitivamente en la década de los 60, es decir, en apenas 100 años un pueblo con un patrimonio como el que hemos expuesto es totalmente abandonado ¿Por qué?
Se intenta justificar este hecho debido a la proximidad de Oña, y a la falta de recursos y terreno, pero cualquiera que visite el lugar puede percatarse de que la proximidad de esta villa, no habría impedido que la gente morase en Tamayo pudiendo estar este integrado a la Villa de Oña a modo de “barrio” pues la carretera que nos acerca a la gran villa está en perfecto estado, y el trayecto puede realizarse incluso a pie en un corto paseo.
Otro dato significativo es el hecho de que tanto las tres Ermitas como los restos de su castillo, han quedado prácticamente borrados del mapa, construcciones por lo general construidas en piedra y cuya estructura -aunque sean solo los muros- suelen perdurar en pie a lo largo de bastante tiempo. El investigador Eduardo Tamayo hace referencia en su libro “Tamayo y su Historia” a como en el año 1863 ya se derribo la Ermita de San Sebastián utilizando sus restos para reconstruir la Ermita de la Virgen de las Nieves, construcción que aun así, ha quedado totalmente en ruinas.
Existe una cuarta Ermita más allá de Tamayo y perteneciente a la villa de Oña, la Ermita de San Vítores, al que se rinde culto a últimos de agosto, siendo su imagen portada desde Oña hasta la Ermita, donde se realiza además una romería.

     Cuentan las gentes del lugar que un abad llamado Vítores, fue apresado por los árabes-sarracenos en las inmediaciones del lugar, y que ante la insistencia de este en intentar evangelizar a sus captores, estos decidieron cortarle la cabeza. El santo, una vez muerto, y con su cabeza en las manos, continúo predicando insistiendo en convertir a sus asesinos.

De vuelta al pueblo, la estructura de muchas de las casas de Tamayo están hechas de solida piedra y aún permanecen en pie, aunque se han derribado por dentro, algunas incluso conservan las puertas de madera cerradas a cal y canto por los dueños que ahora moran en Oña. Pero ¿Por qué abandonar un poblado con casas en buen estado para trasladarse tan solo a dos kilómetros de distancia?
Lo extraño del asunto es que en una consulta reciente al Instituto Geográfico Nacional a través de su página web, no contempla ningún temblor ni actividad sísmica a lo largo de 1848 en esa zona.

El investigador Ángel del Pozo de Pablos, en su libro La Cripta Sellada, recoge su propia investigación sobre el lugar, en el que nos narra otro hecho inquietante, y es que al revelar las fotos que tomo en una jornada de investigación, en una de las fotos de la fachada de la iglesia, apareció una extraña niebla que en el momento de realizar la imagen asegura no estaba allí, y para la que expertos en fotografía no encuentran explicación.

     Yo mismo tome varias fotos frente a la iglesia para ver si se repetía el fenómeno, sin éxito, aunque en una de ellas aparece una pareidolia en la que se ve a una roca con la forma de una cara desafiante que parece vigilar mis movimientos. Quizá sea verdad que aquí las rocas tienen vida propia…

     Otro detalle curioso, que me ha llamado personalmente la atención sobre el lugar son las herraduras que varias de las casas tienen incrustadas en las fachadas de piedra. Al principio se me ocurrió que podrían utilizarse para atar a los burros o al ganado a la puerta de casa –cosa que seguramente sea cierta- hasta que me encontré una de estas herraduras a la altura del cartel del Camino del Cementerio y muchas otras a la altura de ventanas o en lugares inusuales.
Todos sabemos que las herraduras se utilizan a modo de amuletos de suerte o protección ¿Podrían ser estas herraduras amuletos? ¿Para protegerse de que o de quien?

UNA PUERTA DIMENSIONAL

      En una de mis visitas al pueblo, llegando al amanecer, tuve la oportunidad según me acercaba a la aldea en mi coche, de observar un destello de luz en la parte alta de la colina de donde se sitúa el pueblo. Al aparcar el coche, empecé a recorrer los alrededores del pueblo en busca de los restos de las antiguas ermitas y me encontré con un lugareño que estaba en su terreno realizando labores en su huerto. Se me ocurrió preguntarle acerca de los destellos en lo alto de la colina, ante la posibilidad de que hubiese algún tipo de repetidor de telefonía o algo similar que pudiese explicar el origen de los destellos. El hombre me comento que los destellos eran frecuentes y mas en los anocheceres de verano, pero que no sabia su procedencia y me sugirió la posibilidad de que fueran reflejos del alumbrado de Oña, cosa bastante rara.
Me decidí a subir a lo alto del monte en busca de algo fuera de lo común, y al llegar me encontré con una formación rocosa bastante peculiar, algo que he bautizado como “El Puente”, una enorme formación rocosa en cuya parte superior parece haber tallada una especie de calzada con salientes a los laterales.

      Solo es necesario posar los pies sobre lo alto de esta roca, para percibir la increíble energía telúrica que de aquí emana. El entorno es sin duda es peculiar, y el hecho de permanecer allí durante un buen rato observando e intentando percibir sensaciones, me hizo pensar en algo curioso; en otros lugares similares, sobre todo pueblos abandonados donde se dice existe una puerta a otra dimensión, estas puertas se relacionan con grandes piedras o formaciones que poseen una gran energía telúrica. ¿Podría ser esta formación rocosa una puerta dimensional? Al fin y al cabo, ¿Que es un puente? una estructura capaz de unir dos orillas, dos mundos al fin y al cabo. Lo que me quedaba claro, tras abandonar este lugar, es que en la historia de Tamayo, las rocas jugaban un papel importante, y así había quedado reflejado, por algún motivo, en su escudo de armas.

TAMAYO EN LA ACTUALIDAD

     Tamayo es hoy un despoblado con una belleza peculiar, y es el poder andar y recorrer sus calles admirando las solidas fachadas de piedra, casas blasonadas semiderruidas a las que es posible acceder y tomar fotos como en ningún otro sitio, pues el lugar no ha sido pasto de los vándalos con pinturas destrozos y basura, a excepción de un edificio, la iglesia.

     Esta no se ha librado de las pintadas y de un hecho más escabroso; sus tumbas han sido profanadas y hoy son visibles las excavaciones con los restos óseos de sus ocupantes, esparcidos por las mismas. Incluso la cripta que se halla bajo el altar ha sido profanada interrumpiendo el descanso eterno de sus moradores.

     En una de mis visitas dedique largo tiempo a grabar psicofonías sobre las tumbas de la iglesia, sin éxito en esa ocasión, aunque el lugar por la noche es sobrecogedor e impone un gran respeto. Durante el recorrido podemos introducirnos en alguna de sus muchas cuevas, bastante accesibles, aunque algunas difíciles de localizar.

     En el viejo cementerio aún se conservan las cruces de dos sepulturas, aunque una de las tumbas ha sido profanada suponemos que en busca de un cráneo como “trofeo”

     El pueblo tiene varias fincas acotadas utilizadas para plantación de huertas. A la entrada del pueblo encontramos una casa moderna cuyos dueños, son una pareja de mediana edad que vive en Oña y vienen aquí de vez en cuando.
En el año 2007 una familia de Valladolid restauro una de las casas y se instalo en el pueblo con su hijo, viviendo solos entre las ruinas, no me imagino salir a dar un paseo por el pueblo en las noches de verano…
Por otro lado el investigador Eduardo Tamayo, un medico donostiarra que hace 25 años “sintió la llamada” de un pueblo en el que nunca había estado cuyo nombre era igual que su apellido,  se decidió a visitarlo y a investigar la relación de esta villa con su apellido, recogiendo todos los datos en un libro virtual llamado Tamayo y su Historia, y en la web www.tamayo.info.
Este donostiarra ha conseguido contactar con personas de todo el mundo apellidadas Tamayo y una vez al año, organizan un encuentro al que asisten cerca de 40 personas apellidadas Tamayo, y llegadas de diversos puntos de España y también de otros países. La cita siempre es el primer sábado de agosto coincidiendo con una de las fiestas del pueblo, la Virgen de las Nieves. En estas jornadas realizan trabajos de limpieza por el pueblo y cuidan de que el entorno no se deteriore.

He de decir, que de los muchos pueblos abandonados a lo largo y ancho de nuestra geografía, este sin duda es uno de los más espectaculares. Si alguien se siente atraído por visitarlo, le aconsejo que lo haga siempre desde el máximo respeto, pues, aunque abandonado, el pueblo está bastante vigilado por los vecinos de Oña que son dueños de algunas de las casas de este pueblo. Llegados a este punto, no se puede dejar pasar la oportunidad de visitar Oña y su increíble patrimonio, como son el Real Monasterio de San Salvador, la Judería Medieval, la Iglesia y torre de San Juan o su recinto amurallado.
Tamayo es un lugar increíble con una leyenda increíble, un lugar mágico sin duda, y cargado de poder…

GALERIA DE FOTOS

Texto y fotos: Juan Carlos Pasalodos Pérez

Bibliografía:

-Ángel del Pozo de Pablos – La Cripta Sellada

-Pascual Madoz – Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico, España y sus posesiones de ultramar.

-Eduardo Tamayo – Tamayo y su Historia.

Mas Info:

-www.tamayo.info.

Categories: Lugares abandonados

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