Quaerendo Invenietis

A veces, cuando uno viaja de forma turística se encuentra sin saberlo con lugares de lo más curioso. En uno de estos viajes y acercándome a conocer la preciosa villa de Santillana del Mar, me encontré con un curioso y escalofriante museo. El Museo de La Tortura de la Inquisición.
Este municipio cántabro fue declarado Conjunto Histórico-artístico en 1889 y desde el año 2013 forma parte de los Pueblos más Bonitos de España, y no es para menos, pues su arquitectura medieval bien conservada consigue que el visitante pueda trasladarse a la Edad Media en un abrir y cerrar de ojos.

Su casco histórico en conjunto es digno de admiración, donde destacan construcciones como la Colegiata de Santa Juliana y Claustro, el Palacio de Velarde, el Palacio de Viveda, el Palacio de Mijares, la Torre del Merino o la Torre de Don Borja, así como innumerables casas blasonadas. En sus inmediaciones se encuentra la archiconocida cueva de Altamira declarada Patrimonio de la Humanidad.

Dentro de este entorno mágico y situado en la calle de Jesús Otero, se encuentra el Museo de la Tortura, donde podemos admirar y estremecernos al observar una colección de más de 70 artilugios empleados en la Edad Media por la Santa Inquisición, desde el siglo XV hasta el siglo XIX, para dar escarmiento y muerte a todo aquel que no se sometiese a la ortodoxia católica.
Fue en 1478 cuando el entonces Papa Sixto V dictó la bula decisiva que permitió a los Reyes Católicos la creación de un tribunal religioso, encargado de velar por la pureza del catolicismo español, la persecución y castigo de herejes y heterodoxos, y la aniquilación de obstinados y contestatarios. Durante más de 350 años esta temible institución llegó a extenderse a Portugal, Flandes y América ajusticiando y ejecutando a cientos de miles de personas. El Santo Oficio se abolió en 1834.
Todas las piezas del museo son originales de la época y han sido cedidas por coleccionistas privados, lo que significa que los instrumentos que vamos a tener oportunidad de admirar, han estado impregnados con la sangre de aquellos pobres desgraciados que fueron torturados, escarmentados y ejecutados.

La colección está dividida en varias secciones, desde instrumentos para el escarmiento y humillación, artilugios de tortura, de ejecución, hasta útiles para la tortura específicos para mujeres. En esta visita iremos describiendo cada pieza en el orden en el que nos las vamos encontrando por el recorrido.
Nada mas acceder al museo y en el jardín que precede a la entrada del edificio ya nos encontramos con algunos de los más impresionantes y escalofriantes, como el típico verdugo con el hacha de decapitación que en tantas películas hemos visto.
En la puesta en escena, vemos al verdugo vestido con un atuendo negro, que servía para despersonalizar la figura garantizando a la persona el anonimato y ofreciendo una imagen de imparcialidad y a la vez, garantizándole poder llevar una vida “normal” fuera de su tarea ejecutora. El hacha se encuentra clavado en un cepo de madera, sobre el que se ha tallado una cavidad que servía para posicionar correctamente al reo, facilitando el golpe certero, sirviendo además de guía para que la cabeza cayese en el canasto y por el cual se derramaría la sangre del ajusticiado.

La Jaula Colgante.
Este tipo de artilugio ha permanecido colgado en innumerables lugares de todas las ciudades de la Europa medieval. Su función era doble. Por una parte ejecutar de forma lenta al reo hasta su muerte y por otra dejar la jaula con el cuerpo putrefacto en lugar visible donde todas las gentes pudiesen ver el destino que les esperaba en caso de herejía o delito. Las víctimas, normalmente desnudas, eran encerradas dentro de estas jaulas quedando colgadas de unos postes de madera. El tiempo hacía el resto. Hambre, temperaturas extremas, frio en invierno y quemaduras en verano. Los cuerpos permanecían en su interior hasta que los huesos se desprendiesen o hasta que otra persona ocupase su macabro lugar.

La Escalera de Estiramiento
Este sencillo artilugio, no era más que una escalera donde se ataba a la víctima, a la que se le infligían todo tipo de torturas a la vez que se la estiraba el cuerpo. Procedencia Constituio Criminalis Theresiana (Viena 1769)

El Palo
Este instrumento es una muestra clara de la falta de escrúpulos y de como la mente de las personas de aquella época, parecían competir por crear el instrumento más salvaje. El palo, a pesar de lo que se pueda pensar en una primera impresión, era un útil para una ejecución con tortura intentando infligir el mayor dolor posible a la víctima, que no moría al instante. Consistía en clavar el palo desde el ano y a lo largo de toda la columna vertebral, haciéndolo salir a la altura de la espalda, intentando dañar el menor número de órganos posibles, para garantizar una muerte lenta con el máximo sufrimiento. Este método fue muy utilizado en Europa oriental con el objetivo de ser un castigo ejemplarizante, empleado sobre todo con prisioneros enemigos.

La Rueda
Este artefacto estaba destinado a castigar crímenes graves y tenía una doble funcionalidad. En primer lugar la ruda servía para quebrar los huesos del condenado, principalmente de brazos y piernas realizando giros violentos. Posteriormente y después de impregnar al reo de algún tipo de comida, este era atado a los radios de la rueda esperando a que los roedores fueran arrancando trozos de su carne.

La Guillotina
Sin duda el instrumento de ejecución más conocido y más utilizado. Se dice que su inventor fue el médico francés Josepf-Ignace Guillotín, aunque la realidad es que este hombre lo único que hizo fue extender su uso para todas las clases sociales, ya que en un principio, estaba reservada a las clases altas debido a que proporcionaba una muerte rápida y sin sufrimiento. Su funcionamiento era muy básico, una gran cuchilla dotada de un contrapeso de madera que descendía por unas guías, mientras el condenado permanecía atrapado en una mordaza de madera, que permitía asestar un golpe certero decapitando al individuo de forma instantánea. Esta ejecución se realizaba en público y era costumbre enseñar la cabeza del decapitado a la muchedumbre.

El Toro de Falaris
Atribuido a Siciliano y utilizado en los siglos XVI, XVII y XVIII. Consistía en una figura a gran tamaño de la efigie de un toro y su función no era otra que introducir dentro a la víctima, encendiendo un fuego por debajo haciendo que esta se cociese dentro. Los alaridos y gritos de dolor salían reproducidos por la boca del toro simulando que este mugía.

El Potro
Este es un elemento de tortura por medio de estiramiento. La víctima era aprisionada por los pies gracias a dos grilletes y por el otro extremo se le ataba por las muñecas con una cuerda que estaba unida a un cabestrante manual, que es el que hacia la fuerza para estirar el cuerpo del malogrado reo, cuyo cuerpo yacía sobre unos rodillos llenos de clavos. Durante esta tortura era común el desmembramiento de partes del cuerpo y hay antiguos testimonios que hablan de casos en los que el cuerpo llego a estirarse hasta 30cm, debido a la dislocación de cada articulación de brazos y piernas, el desmembramiento de la columna vertebral y el desgarro de músculos cuyo efecto, era letal. La persona que no fallecía en el potro quedaba invalida de por vida, eso, si las lesiones no acababan con su vida en los días posteriores.

La Garrucha o Péndulo
El objetivo principal de este mecanismo era el de dislocar los hombros de la victima rotando los brazos por la espalda y hacia arriba. La persona era atada por la muñecas con los brazos hacia atrás con una cuerda que colgaba de una polea y a su vez estaba enrollada en un cabestrante manual. Al girar el cabestrante los brazos de la víctima se elevaban hacia arriba por la espalda. De forma inmediata los húmeros se desarticulaban junto con la escápula y la clavícula. Esta agonía podía estimularse colgando pesas de los pies del reo, haciendo que la tortura fuese más dolorosa. En su mayor parte, el desmembramiento de articulaciones producía la parálisis de la victima que al final moría, en otras, las horribles deformaciones quedaban de por vida.

La Sierra
Dentro de la competición para ver quién era más sanguinario, llego aquel que no necesitó inventar ningún artilugio y decidió que para no andarse con rodeos, lo mejor era cortar a las víctimas en dos, ayudados por una sierra de doble mano. Se colgaba a la victima boca abajo sujetándola con unas cuerdas por los pies de unos postes y de forma brutal y para la que hay que tener mucha sangre fría o muy pocos escrúpulos se cortaba en dos. Es escalofriante.

El Cinturón de Castidad
Este famoso instrumento ha llegado mitificado hasta nuestros días con la idea de que su uso era el de garantizar la fidelidad de los hombres que se ausentaban de sus hogares durante días o de aquellos gurreros que marchaban a luchar. Pero lo cierto es que el uso principal del cinturón de castidad era el de constituir una barrera contra las violaciones. De hecho muchas mujeres utilizaban este instrumento de forma voluntaria en determinadas ocasiones tales como viajes o estancias en posadas.

Estos son algunos de los artilugios e instrumentos que podéis observar en este macabro museo. En este breve articulo he recogido algunos de los más sanguinarios y conocidos, y no sería ético mostrar aquí la exposición al completo pero en la colección hay muchos más, tales como el garrote, la cuna de judas, látigos de cadenas, la famosa doncella de hierro, la máscara infamante, aplastapulgares, aplastacraneos, desgarradores de senos, garras de gato, sillas de interrogatorio o la curiosa pera oral, rectal y vaginal.
Así pues, si alguien tiene a bien acercarse a conocer este maravilloso pueblo, que no pierda la oportunidad de estremecerse visitando este curioso mueso. Será probable que ese día pierda el apetito.

TEXTO Y FOTOS: Juan Carlos Pasalodos Pérez

 

 

 

Categories: Lugares con historia

Leave a Reply